Una vez más se acerca el fin de un año.
Y mi reflexión en esta entrada trata sobre nada más y nada menos que el “tiempo”. Inexorable, imparable, imparcial; y desde nuestra perspectiva “relativo”.
Habrá quien no vea la hora de que acabe este año y llegue ya el siguiente, y habrá quien no quiera que este año termine; ¿porqué?. ¿Cuál es la diferencia? Los hechos, resultados, que unos y otros hayamos obtenido, pero el año ha sido igual para todos, los mismo días, los mismos meses, y la misma duración, así que lo que cambia principalmente es la interpretación que hacemos de lo sucedido en ese año; ¿o no?. [Interpetacion personal, familiar, empresarial, de gestión; balances, cada uno la suya] Todavía no ha acabado uno y ya estamos todos pensando, imaginando cuáles son nuestras nuevas intenciones, nuestros propósitos para el nuevo año.
A partir del 1 de Enero de 2010; [...bueno a partir del 2 de Enero; que según y cómo haya ido la noche del uno puede que ese día no sea “persona”.

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..] a partir del día 2 de Enero…voy a:
“·…voy a dejar de fumar…” “…voy a adelgazar…” “…voy a ser mejor jefe…” “…voy a ser mejor madre…””…no voy a enfadarme tanto con mis hijos…”etc. y así cada uno puede poner todos los propósitos e intenciones que quiera y que desee; “…hasta el infinito y más allá …”
Y creo está bien, sino fuese porque muy a menudo son los mismos que nos propusimos el año anterior, y el anterior, y el anterior…Está bien, porque la intención cuenta, pero la intención no basta, no es suficiente; no vivimos del aire, ni de las ideas, ni de los buenos propósitos, y si alguien ha encontrado la manera de poder vivir de ellos, que lo comparta con todos nosotros.
La diferencia, entiendo estriba en ponernos objetivos-propósitos, medibles, cuantificables, [no por ello han de ser fáciles ó sencillos, cada uno sabrá lo que para él es difícil o casi; casi imposible] y establecer unos parámetros, que nos ayuden a medir el logro de los mismos.
Necesitamos unos indicadores,

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unos baremos que nos indiquen el grado o porcentaje en que nos acercamos al logro de nuestro objetivo-nuestro propósito; y nos sirvan de referencia, y hay uno que es infalible y que a menudo obviamos o interpretamos según nuestra conveniencia y es nuestra honestidad. Honestidad para con nosotros mismos.
A la hora de proponernos objetivos, hagámoslos nuestros, que surjan de un verdadero deseo; que obedezcan a una necesidad, que no nos venga impuestos u obedezcan a razones de terceros; esos son “otros objetivos”, los que de verdad importan, son los que nosotros nos ponemos a nosotros mismos, y debemos aprender a ser honestos y a saber cometer errores; el error nos permite aprender y volver a intentarlo; el fallo y la lectura que nos damos a nosotros mismos del fallo como culpa; como imposibilidad, es limitante, nos limita para nuevas acciones, para nuevos enfoques que nos permitan crecer y lograr nuestros objetivos, alcanzar nuestra metas. El error, forma parte del aprendizaje, y nos deja margen al cambio a nuevas interpretaciones y nuevos modelos de actuación.
Así pues, animaros a todos a logar esos objetivos, esos nuevos propósitos que son tan importantes para vosotros, (esos que a menudo nadie más sabe ni conoce) pero desde una nueva manera, desde un nuevo enfoque en el que a la vez aprendamos a ser juez y parte de nosotros mismos; con un fín, desarrollarnos, crecer y aprender.
Felices fiestas, espero que acabéis muy bien el 2009 y empecéis aún mejor el 2010.